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miércoles, 1 de junio de 2011

Diálogos en el Silencio de Dios


19 mayo 2010

Estoy fuera de la conferencia, porque es muy difícil mantener la atención con la traducción del alemán al castellano.
Es por ello, Jesús, que me voy a poner a hablar Contigo porque estás dentro del mí.
Tú eres mi tesoro, mi enorme y maravilloso descubrimiento.
¿Cómo hacerte llegar mi alabanza?
¿Con palabras?
¿Cómo, Jesús, puedo manifestar tanto agradecimiento por haber creado a todos Tus hijos?

Jesús:
La alabanza que Me agrada es la del corazón sencillo que Me dice, incluso con balbuceos o suspiros: "gracias", "te amo", "sea tu nombre bendito"...
De cualquier manera en que hagáis esto, Me agrada, porque lo que Yo recibo y valoro es la pureza, sencillez y humildad del corazón lleno de amor que se dirige a Mí para bendecirme.
El alma que bendice a su Dios, es profundamente bendecida por Mí.
Cuanto más ensalcéis a vuestro Dios, más os ensalzará Él a vosotros.
Cuanto más lo améis, más os amará Él.
Cuanta mayor misericordia derraméis sobre vuestros hermanos, con mayor misericordia seréis tratados y juzgados.
Todo lo que, desde vuestro corazón, Me deis con verdad, así, pero inmensamente multiplicado, recibiréis.
Os lo dije en Mis Escrituras: "Yo daré el ciento por uno aquí en la tierra y además la vida eterna".
¡Si supierais que podéis divinizar hasta vuestra respiración, vuestros pasos, vuestros movimientos y pensamientos!
¡Todo es recibido por vuestro Dios como ofrenda!
¡Y no penséis que tiene menos valor un acto pequeño por ser pequeño, respecto a una gran heroicidad a ojos humanos!
No, hijitos, todo vale en relación con el amor con que me lo ofrezcáis.
Por ello no hay actos más importantes que otros.
Hay solamente una medida de amor.
Yo sólo os juzgaré por el amor.
Es la única ley que rige para Mí.
Amad, por lo tanto, a todos y a todo.
Y acumulareis inmensos tesoros segundo a segundo.
Amén.

lunes, 9 de mayo de 2011

Diálogos en el silencio de Dios

10 Mayo 2008

7,00 a.m.

Esther:
Hágase siempre Tu voluntad.
A pesar de mi deseo profundo, me someto a Tu designio porque Tú eres la sabiduría y sabes lo que más me conviene.
Te alabo Jesús con todo mi ser.
Toda yo sea para Tu gloria.
Tú lo eres todo para mí.
Dispón de mi vida.
Tú me conoces mejor que yo misma.
Ayúdame a serte fiel.

Jesús:
Yo también quiero bendecirte e impongo Mis manos sobre ti.

Esther:
Quiero, Jesús, reclinarme en Ti.
Descansar en mi amado.
Sosegarme con los latidos de Tu corazón.

15,25 p.m.

Esther:
¡Oh, Jesus!
A Ti me confío por entero.
No entiendo ninguno de Tus actos pero sé que son los correctos.
¡Ten pena de mi pobre alma y dame alguna luz!
El sacerdote me alerta que es normal que tenga tan-tas dudas y tanto miedo.
Pero yo no sé llevarlo bien.
Sabes que soy una persona que necesita tener las cosas claras y ahora me invaden las tinieblas.
Esto es tan grande para mí, amado Jesús, que a veces me supera.
¡Oh, Jesús!
¡Cuánto Te amo!
Todo podrá ser mentira, pero mi amor por Ti es verdadero.

Jesús:
Todo es verdadero.
Tu amor por mí y Mi amor y Mi correspondencia por ti.
Yo soy quien te hablo.
No sé cómo decírtelo más contundentemente.
Pero entiendo tus dudas.
Es tu humildad en verte indigna lo que te hace dudar.
Pero  Yo conozco los corazones.
Yo sé en quien he depositado Mis palabras.
Y tú eres válida y amada extraordinariamente por Mí.
No temas.
Nada te acongoje.
Nada te turbe.
Yo vivo en ti, ya lo sabes.
Y Mis secretos son nítidos para tu corazón y tu entendimiento.
Crees que son tus pensamientos los que te hablan.
Pero…
¿Cómo podrían ser tus pensamientos únicamente si Yo no estuviera en ellos?
Yo soy tu pensamiento.
Yo habito plenamente en tu ser porque tú Me lo has permitido.
Por ello Me escuchas, porque Yo habito en ti.
Todo el que Me deje habitar en él, escuchará Mis palabras.
Yo Me he de revelar a él.
Yo moraré y conviviré en diálogo continuo con él.
Es así de fácil.
Yo os dije:
El que Me ame, será amado por Mi Padre y vendremos a él, y haremos morada en él.
Y Yo me revelaré a él.
En ti, simplemente se cumple Mi palabra.
Habitamos en ti, y nos revelamos a ti.
Te amo, dulce corazón entregado al Mío.
Tu miseria es Mi obsesión por transformarla en gloria.
Tu miseria, tu pequeñez, se hacen monumento espléndido ante Mí.
Yo tallo tu miseria y la transformo en belleza sin límites.
¡Sed miserables ante Mí porque eso me enamora!
¡No seáis dignos y soberbios porque ello Me entristece y Me aleja de vuestras almas!
La sencillez, la dulzura, la compasión con el débil, la renuncia a vuestras apetencias…
Esa es obra Mía y a Mí me lo debéis entregar para que Yo haga el milagro de la transformación.
¿Sabes?
El alma que se acerca a Mí, cambia.
Cambia sustancialmente.
Cambia sus gustos, sus necesidades, sus deseos.
Cuanto más cerca está de Mí, sus deseos son Mis propios deseos.
Yo los inculco con amor.
Desea tú Mis deseos y Yo desearé los tuyos.
Busca tú Mi reino y Yo buscaré tu plena felicidad, primero aquí en la tierra, más tarde en el cielo.
Reposa en Mi corazón.
Yo te amo de verdad.
Yo nunca te fallaré.
Anda, descúbrete ante Mí y dime:
“¡Señor te deseo ardientemente, como Tú me deseas a mí!
Descansemos unidos en el amor del Padre.
Te amo.”
AMEN.

22,30 p.m.

Esther:
¡Oh Jesús!
Vengo de Misa y de la vigilia de Pentecostés.
Ya en casa, me invade la certeza de que todo viene de Ti.
Oro con una fe extraordinaria y me entrego sin límites a Ti para que dispongas de mí.
La noche entera es una certeza.
Me despierto a las 4,30 a.m.
Continúa la certeza y la paz de espíritu.
Por la mañana a las 9,30 a.m. me pongo a orar, y todas las lecturas que voy orando son pidiéndome que no dude.
Por la mañana se me inspira que llame al sacerdote y le comunique la certeza.
Así lo hago y él me dice que ha orado por la noche y que es urgente decirme que esta situación es martirial y muy difícil.

miércoles, 6 de abril de 2011

Dialogos en el silencio de Dios - Esther

19 febrero 2008


Ayer en la comunión me entregué por completo a Ti y te dije:
Hágase Tu voluntad en mi vida, sin reservas.

Y Tú me dijiste:

Tú te has entregado a Mí.
Ahora Yo me entrego por completo a ti.

+ + +

31 marzo 2008

Viernes Santo

Esther:

Amado Jesús, ansío Tu paz, querido Dios.
Busco el silencio porque ahí, si aguzo el oído, puedo escucharte.
El otro día te dije ante el Sagrario:

¡Qué sólo estás, Jesús!

¡Qué poca gente cerca de Tu cárcel de amor acompañándote!

Yo vendré lo más que pueda para estar a Tu lado.

Y Tú me respondiste:

Mi fuego de Amor se calma cuando comulgáis Mi cuerpo.
Deseo y necesito que comulguéis porque es el acto más unitivo que puedo hacer con vosotros.


Esther:
Señor…
¿Tú quieres algo de mí?


Jesús:

Sí, que ames.


+ + +


24 marzo 2008



Jesús:

Sí, soy Yo el que te hablo.
Por eso, escucha al sacerdote y demás personas, pe-ro Mi voluntad y Mi designio están por encima de vuestro pensamiento.
Te has mantenido agarrada a Mí y éste último acto tuyo de renuncia a ti misma, Me ha enternecido tanto el corazón que no he podido por menos que decirte abiertamente que soy Yo quien te habla, quien te consuela, quien te llama.
Sé de tu tristeza profunda.
La vivo en Mí.
Pero es necesario este trance y este tiempo.
Aunque no entiendas, confía en Mí.
Premiaré tu entrega a Mi voluntad y seguiré infundiendo Mi propia voluntad en tus deseos como tú misma me has pedido.



Esther:
Señor, inúndame de Tu paz.
Que mi voluntad sea únicamente querer la Tuya.
No dejes de amarme.
Soy única y preciosa a Tus ojos, como me dijiste ayer y quiero que seas feliz conmigo.
Te regalo, Señor, todo mi ser con todas sus poten-cias.
Te regalo algo que ni siquiera es mío porque yo soy Tu criatura, no me pertenezco.
Por lo tanto, Te me doy a mí misma, aunque Tuya soy desde toda la eternidad.

Jesús:

Sigue así, amada mía.
Sigue siempre en Mi corazón.
Ya formas parte de Mi ser, de Mis íntimos.
A ti quiero confiar Mis pensamientos, Mis delicias, Mis desamores…
Y transparentar Mi alma a la tuya.
¡No te vayas de Mi vida! (Con súplica y tristeza).
No a todo el mundo puedo entregarme así.
Necesito saber que Me recogerás en todo momento.
Yo también necesito tu ternura, tus consuelos, tus caricias.
Recuerda que soy también hombre, por amor a vosotros, y toda persona necesita de abrazos, be-sos, alegrías, charlas, proyectos comunes que compartir…
Mírame también como hombre.
Proponme hacer tus proyectos junto a Mí.
Toda empresa que te propongas, hazla Conmigo.
Ofréceme todo, junto a Mí y para Mí, desde la más leve sonrisa que Me dirijas, hasta la entrega y renuncia de tu voluntad.
Todo, hazlo junto a Mí porque Yo supliré lo que tú no puedas y saldrás fortalecida de todo trance.
Reclínate en Mí cuanto quieras.
Sustituye a Juan en Mi pecho.
Yo te abrazaré y te colmaré de ternura.
Nadie te hará sentir tan dichosa como Yo cuando te entregas y descansas en Mí.
Para eso estoy, para estrecharte contra Mi pecho.
Arde tanto Mi corazón, que tu deseo de estar tan cerca, reclinada en Mí, me llena de un inmenso gozo y recibes rápidamente el calor de Mi fuego.
Nunca temas acercarte demasiado a Mí.
Incluso físicamente.
Pídeme que te abrace, que te bese, que te acaricie, que te dé calor por la noche, que te despierte con besos de amor…
No creas que esos deseos salen de ti.
Es Mi necesidad de ti lo que hace que seas tú la que Me lo pida.
Y siendo así, deseándolo tú, Yo me deleitaré en col-marte de atenciones.
¿Sabes?
Eres Mi enamorada, eres Mi dulce tesoro.
¿Cómo no voy a ser celoso de ti, a quien tanto amo?
Soy celoso de quien te quiera arrebatar de Mi lado:
El pecado y la maldad.
Nada temo de lo demás, de que tengas esposo, hijos, buen trabajo, salud, amigos…
Mi felicidad es verte feliz y sé que eres feliz con tu vida llena.
Pero quiero ser siempre tu centro, tu eje.
Que todo converja en Mí.

 
Esther:
No tengo palabras, Señor para bendecir Tu Santo nombre.
Dame humildad y pequeñez para que nuestro Padre tenga a bien revelarme Su ser para darle yo mayor gloria.

domingo, 13 de marzo de 2011

Diálogos en el Silencio de Dios



31 Enero 2008

Esther:
¿Cómo es posible, Señor, que estés al mismo tiempo en el corazón de cada uno de nosotros?

Jesús:
Por Amor.
Quiero decirte cuánto te quiero.
Siempre estoy contigo.
No me canso de ti.
¿Tú te cansas de Mí?

Esther:
No, Jesús.
Pero a veces no sé ya qué decirte.
Creo que te lo he dicho todo.
Te he dado gracias, te he alabado, te he rogado por mis necesidades…

Jesús:
Todo lo guardo en Mi corazón.
Yo soy paciente y espero mirándote.

Esther:
¿Y no te aburres de mirarme todo el día, Jesús?

Jesús:
¿Se cansa el AMOR de amar?

Esther:
No, Jesús.
Pero reconozco que yo, al no verte, no tengo esa capacidad de unión y de estar siempre en Ti.

Jesús:
Yo sí.

Esther:
¿Y cómo será entonces nuestra unión en la eternidad?

Jesús:
Será una eterna fiesta de amor.
El gozo no acabará jamás.
Tengo todo preparado…
¡Con tanto amor!
Es como una sorpresa reservada de Mi amor.
Habrá muchos ángeles que te servirán.
No habrá más dolor ni más llanto.
Yo seré tu consolador eterno.
No habrá lágrimas.
Todo tendrá su plenitud.
Plenitud el amor.
Plenitud la esperanza.
Plenitud la paciencia.
Todo aquello que aquí en la tierra tanto te costó, existirá en el cielo en perfección.
Tú también serás perfecta, Esther.
Llegarás a tu máxima y eterna perfección.
Y Yo te amaré.
Pero has de saber que aquí en la tierra, aún en tu imperfección y lucha, Yo te amo igual que te amaré en tu eterna perfección.
No pienses que Yo amo a Mis hijos cuando llegan a ser perfectos, sino que los amo en su pequeñez y les regalo la perfección.
La perfección es para vuestro gozo porque el Mío es pleno tal y como sois en cada momento.
Mi amor os abarca en Mi corazón en cualquier momento desde que nacéis.
Os miro con amor eterno.
Tanto es Mi amor que me he hecho como vosotros para poder besaros.
Y Mi beso es igualmente verdadero en pecado y en gracia.
Es difícil comprender esto.

Esther:
A veces pienso que me querrás más si soy más buena.

Jesús:
El que seas más buena es para tu gozo.
El Mío es pleno con tu existencia.
Si eres “buena”, como tú dices, eres mucho más feliz y Yo gozo con tu felicidad.
Pero no te amo menos cuando caes o cuando pecas.
He venido por los pecadores porque sé lo felices que serán si se convierten y entran en el camino recto.
He venido a por el triste para darle alegría.
A por el débil para darle fortaleza.
A por el mentiroso para enseñarle el gozo de la verdad.
Al vacilante para darle la certeza.
Al dudoso para darle la fe.
Al enfermo para sanarlo de sus dolencias.
Al que se siente solo para llenarlo con la plenitud del amor verdadero.
Al asustado para darle valentía.
Al acomplejado para que se sienta tal y como Yo lo veo de bello.
Sólo he venido y deseo DAR.
¡Qué equivocados los que Me temen porque pien-san que vengo a quitar! 
¡Si Yo lo tengo todo! 
¿No lo comprendéis? 
Tengo tanto y en tal grado de perfección que deseo dároslo.
Por favor, creed en Mí.
Abrid el corazón para que os colme de Mis bienes que son la única y auténtica felicidad.
Si todos los corazones de Mis hijos se abrieran en este momento, derramaría una lluvia de dones que cambiaría el mundo.
Pero es necesario abrirse a Mi providencia.
No puedo obligar a nadie a aceptar un regalo.
Soy todo bondad.
Soy todo generosidad.
Lo Mío es vuestro.
Cogedlo, es para vosotros.
Si os sentís solos, coged Mi compañía.
Si os sentís defraudados, coged Mi honestidad.
Si os sentís tristes, coged Mi exultante alegría.
Venid y coged todo lo que ansiáis.
Está esperándoos la felicidad.
Yo soy feliz dando y os lo pongo en Mis manos.
Es poco lo que tenéis que hacer, sólo un acto de fe y coger lo que deseéis.
Así de fácil.
Cuando uno de vosotros ha tenido la osadía de creer y coger algo de Mí, no encuentra comparación ni dicha en otra cosa…
¿Verdad? 
Corred, gritad a todos los que sufren, que estoy car-gado de bendiciones sólo para vosotros.
Creed en Mí.
Os lo ruego.
Nada tenéis que perder.
Creed profundamente en Mí.
Mi gozo es dar.
Mi gozo es serviros.
Mi gozo es que os dejéis amar.
Seguiré siempre con vosotros.

viernes, 11 de marzo de 2011

Diálogos en el silencio de Dios.

15 Enero 2008
Esta mañana le he dicho a mi Jesús:
¿Cómo puedo devolverte tanto amor?

Y me ha dicho:
Con amor.
Durante el día de hoy ten amor con todos los que se crucen en tu camino.
Así podrás darme amor por amor, haciéndolo con los demás.

Hoy he pensado desagraviarlo con mi amor para que olvide todo el daño que le hacemos.
No sólo lo quiero consolar, sino curarle las heridas que le hacemos entre todos.


16 Enero 2008

Por la noche

Jesús:
Tu libertad me cohíbe decirte cuanto siento.

Esther:
Mi libertad te la regalo, Jesús.
Háblame de lo que sientas.

Jesús:
Tus horas de sueño se Me hacen eternas porque te añoro desesperadamente.
Por eso, sin poder resistirme te despierto tantas ve-ces por la noche.
Porque sé que, cuando recobras la conciencia, Me amas en tu libertad.
No puedo ser feliz sin tu amor.
Invadiría todo tu ser con Mi amor pero temo asus-tarte.
Mi corazón late de pasión amorosa cuando Me ha-blas y Me amas.
Estoy atento a cualquier acto tuyo en el que Me tengas presente.
Ardo de amor.
Tú no podrías soportar tanto amor.
Por eso tengo que mantenerme a cierta distancia de tu corazón, para no abrasarte en Mi fuego.
Te amo tiernamente, dulcemente, con toda Mi deli-cadeza.
Voy acercándome despacito hacia ti para que no te asustes.
Lloro cuando lloras, gozo cuando gozas.
Eres Mi dulce manjar.
Eres única para Mi Corazón.
No podría resistir si Me abandonases.
Me he acostumbrado a tus besos y a tu voz.
Nadie podría consolarme.
¿No te enternece lo que te digo?
Nadie en todo el universo podría consolar Mi dolor por tu pérdida.
Sólo tú, sólo tu dulce voz, sólo tu rostro, sólo tu co-razón.
Sí, soy un loco de amor.
Hazme caso.
Déjate amar por un amor como el Mío.
No te defraudará.
Llenará todos tus desamores, todos tus deseos.
Duerme en Mí cuando estés cansada del ajetreo de la vida.
Cuando llega el sueño a tu cuerpo Yo abro de par en par Mi corazón y te recojo dentro de Mí.
Sé, que aunque en esas horas no Me das conscien-temente tu amor, son horas en las que eres total-mente Mía.
No dejo de contemplarte con infinita ternura…
Eres también preciosa para Mí cuando duermes.
Y soy Yo, entonces, quien protege tu corazón, quien te besa sin cesar, quien te acaricia el pelo para rela-jar tu cansado día.
Y es tanto lo que te amo mientras duermes, que a veces no resisto el que no puedas responder a Mi amor.
Y te despierto porque sé que Me corresponderás con tu amor.
Tu amor en libertad es lo más preciado para Mí.
Si conocieras la profundidad de Mi amor, te escan-dalizarías.
Por eso tengo que ser prudente con las almas…
¡Sois tan pequeñas para el amor, que un mínimo destello os podría abrasar!
Me veo pues, en la necesidad de ir muy despacio, preparándoos para el amor pleno.
Ese es el purgatorio:
Un acto de amor para que no os abraséis en Mi pre-sencia sin que estéis preparados para la luz total y el amor que invade todo el ser.
El alma debe estar libre para que Yo pueda habitar plenamente.
Si el mundo conociera el don de Dios, abandonaría todo para dejar que Yo lo habitara.
Ese es Mi trabajo…
Y el vuestro.
Ser un rayito de Mi luz, para que al final, Mi luz pue-da poseer a todas las almas.

martes, 8 de marzo de 2011

Diálogos en el silencio de Dios

10 Enero 2008

Por la mañana, para mi oración, me siento en la silla en lugar de en el sillón y la foto de mi amado Jesús queda de espaldas a mí.

Me dice Jesús:
Esther, ¿por qué me tienes de espaldas?
Cuando quieras hablar Conmigo, mírame.

Y enseguida pongo la foto frente a mí y le pido perdón. Abro el libro de Gabriela Bossis y me sale lo siguiente: 12 de febrero (pág. 172):
“Cuando rezas, mírame. Entra en Mi éterno pensamiento, y no te verás presa de distracciones.”

Luego me dice en la oración:
“Quédate esta mañana Conmigo para consolarme”

Le he preguntado de qué quiere que mi pobre alma lo consuele.
Y hemos estado como unas dos horas en las que Él me iba narrando todo Su dolor:
De los abortos, de mi propio sufrimiento, de quie-nes no lo aman, de quienes están en guerra…
Me ha ido diciendo muchas cosas que le hacen su-frir.

Yo he estado ese tiempo abrazándolo y dándole mi pequeño consuelo.

Él me dice que me ama y me adora.
Que soy preciosa para Él.

Justamente hoy he tenido varias llamadas de perso-nas de mi entorno con enormes sufrimientos.
He visto el sufrimiento de Jesús en todas ellas y he pensado que mi misión era llevarles el consuelo de Dios y ser la luz de Cristo para que tuviesen esperan-za.
Ayer supliqué al Señor LUZ, LUZ, LUZ y me dio mucha luz.

Me regaló varias lecturas de la Biblia sobre la eficacia de la oración, que las anoté.
No permitiré que nadie me las robe.

12 Enero 2008

7,25 a.m.

Le pregunto a Jesús sobre la oración y le digo que he comprado cuatro libros sobre este tema para que yo sepa cómo orar lo que conviene y no ofenderlo a Él.

Me responde Jesús:
Puedes pedirme todo.
Todo.
Puedes robarme el milagro si crees.
Hasta eso llego a hacerlo por amor.
Si tienes fe en Mí, obtendrás lo que pidas y Yo luego transformaré el cosmos, si es necesario, para que todo sea para vuestro bien.
Aunque Yo no hubiera pensado otorgártelo, lo haré, si Me lo pides y crees que te lo puedo conceder.
Deja de tener angustia sobre si debes o no pedirme determinadas cosas.
Bien sé Yo lo que me refutas: que no tienes sabidu-ría para discernir si conviene o no el recibir esas gra-cias que pides.
Pídeme con fe lo que quieras.
Yo te lo daré.
Lo que dije en la Biblia es así.
No le des más vueltas teológicas: “Pide y se te dará porque todo el que pide, recibe”.

Esther:
Señor Jesús, es extraordinario lo que me acabas de decir.
Así lo creeré.
Esto me quita todo el miedo de ofenderte si pido al-go creyendo que es agradable a Ti que te lo pida, y luego resulta que no lo es.
Así, pues, Jesús, me has dado una llave de oro para abrir Tu corazón con mi oración de fe y robarte gra-cias y milagros.
Bendito es Tu Santo Nombre, JESÚS.
TE AMO.

lunes, 7 de marzo de 2011

Diálogos en el Silencio de Dios - Esther - España

Diálogos en el silencio de Dios
 
Mi palabra es para todos mis hijos
gritad mi voz por todo lugar
no excluyo a nadie de mi corazón
son realmente mis propias palabras las que vais a hacer llegar.
Todos sois hijos legítimos y dignos de mi amor.
Los más alejados
Los más sufrientes
Los más enfermos
Los más pecadores
Estas palabras actuarán como mi sangre redentora.
¡Apresuraos en llevar la buena noticia!
¡Proclamad mi mensaje de amor a toda raza, pueblo y nación!
¡A los jóvenes!
¡A los ancianos!
¡A los niños!
¡A todos los hombres y mujeres!
¡A toda la creación!
¡Llevad la gracia que a vosotros se os ha encomendado desde el cielo!
Gozo por los frutos que están por venir
La paz os doy
Salid al mundo con mi paz y bendición
Amén.
 
7 MARZO 2010
12,00 P.M.
 
Yo no soy la autora de lo que vais a leer.
Soy simplemente el torpe instrumento que, sin saber aún por qué, ha escuchado en recogimiento ante el Señor, una voz dulcísima, siempre consoladora, que me hablaba de amor.
Y esa voz se acompañó de signos que me dieron certeza del deseo de Nuestro Señor en hacer llegar a Sus hijos las palabras que Él me dirigía en los silencios de la oración.
Nada es mío, y yo soy del Señor.
Dono lo que me ha sido entregado.
En vuestras manos dejo algo tan valioso como es el Corazón mismo de nuestro amado Jesús.
Escuchadlo.
Sus Palabras, dirigidas a mí, son para cada una de las almas a las que llega este escrito.
Cada una de estas Palabras ha sido discernida por el sacerdote designado por el Señor como director espiritual de mi alma.
Y salen a la luz con el amparo de su tutela.


Esther.
Año 2008